El eslabón, ¿encontrado? - Darwinius, un primate de 47 millones de años, se presenta como un ancestro de humanos y simios
"El eslabón ya no está perdido". Así introduce el científico y divulgador británico Sir David Attenborough el hallazgo de Ida, el espécimen de un primate fósil presentado ayer con gran fanfarria mediática en el Museo de Historia Natural de Nueva York como el ancestro común de humanos y simios, y sobre el que sus descubridores no escatiman grandilocuentes declaraciones.
"Es como encontrar el arca perdida para los arqueólogos", afirmaba ayer el coordinador del trabajo, Jorn Hurum, de la Universidad de Oslo, para luego rematar: "Este fósil será el que probablemente aparecerá retratado en todos los libros de texto durante los próximos 100 años". Paradójicamente, ni el estudio científico que reúne los detalles ni las primeras reacciones al hallazgo sostienen tan ambiciosas pretensiones.
Pero para llegar a Ida, es preciso comenzar por los antecedentes. Los expertos asumen que los primates evolucionaron hace unos 50 millones de años en dos ramas separadas, los estrepsirrinos y los haplorrinos. Los primeros, llamados de nariz húmeda, partirían de un grupo denominado adápidos, cuyos descendientes hoy incluyen a los lémures de Madagascar, los loris y los gálagos.
Los segundos, de nariz seca, engloban a unos pequeños animales arborícolas asiáticos de grandes ojos llamados tarseros. Respecto a monos, grandes simios y humanos, aún no encajan fácilmente en el esquema debido a los huecos en el registro fósil, pero su nariz seca tiende a situarlos en la segunda rama.
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